Pablo Sarasate (Iruñea 1844 - Miarritze 1908)

La leyenda siempre acompañó a este músico de leyenda. La amistad con Gaiarre, sus relaciones con su pueblo y su familia y las acusaciones de Pío Baroja son hechos y opiniones subjetivas que distorsionan fácilmente la imagen de Sarasate.

Nació en Iruñea y fue bautizado con el nombre de Martín Melitón. Sarasate comenzó a tocar el violín desde su más tierna infancia, ayudado por su padre que también era músico. Sus dotes no pasaron desapercibidas y gracias a la ayuda económica otorgada por la reina de España, Isabel II, marchó a París. Una vez finalizados sus estudios, decidió permanecer en París haciendo gala de una seguridad impresionante en sí mismo y de sus propias posibilidades.

El virtuosismo de Sarasate se extendió por toda Europa. Sin embargo, no fue hasta 1877 cuando comenzó a saborear las mieles del éxito, y con Goldschmidt y Marx al piano, salas y recintos de Norteamérica y Europa fueron testigos de las dotes del artista navarro.

Sin dejar el clasicismo a un lado, prefería las adaptaciones románticas basadas en ritmos populares (habaneras, jotas, zortzikos, rapsodias), razón por la que se convirtió en blanco de numerosas críticas. Nos legó 54 obras para violín (la mayoría de ellas tituladas en francés). La obra más conocida de Sarasate es la que lleva por título "Ritmos gitanos". Por otra parte, sus contemporaneos C. Saint Saëns, E. Lalo y A. Dovmak le compusieron piezas para violín y el éxito le acompañaría hasta el fin de sus días.

Tras finalizar sus giras invernales, solía descansar en Villa Navarra, en Biarritz, con el fin de preparar los conciertos de San Fermín. Aparte de los conciertos del programa oficial, su llegada y el concierto que tenía a bien ofrecer a sus paisanos desde el balcón del hotel Perla se convirtieron en una tradición. El ambiente conservador de la Iruñea de fin de siglo y los detractores que tenía en la ciudad no alteraron el buen humor de Sarasate. Gaiarre y él se disfrazaron en más de una ocasión para recorrer las calles de la capital del Viejo Reino. Sarasate sabía disfrutar de la fiesta y los amigos que lo visitaban en Biarritz y Donostia tuvieron la oportunidad de comprobar sus habilidades como jugador de mus. En su testamento, legó a la ciudad de Iruñea gran parte de sus bienes.

Gure Mendea